¿Con miedo al éxito y la grandeza?

Autor: CARLOS ESCARIO

Tomando prestadas palabras que no son mías, podemos fácilmente disculpar a un niño que teme a la oscuridad. Lo que es una verdadera tragedia en la vida es cuando el hombre tiene miedo de la luz.

El miedo es un tema universalmente compartido. Está en la agenda de todos en distintas maneras e intensidades. Pero siempre presente. En ocasiones latente, en otros momentos vivo. A la pregunta, ¿a qué tienes miedo ahora mismo en tu vida?, en la inmensa mayoría de los casos surge rápidamente una batería de respuestas relacionadas con tu salud, tus seres queridos, la actividad profesional, tus finanzas, tus proyectos, tu futuro, tu pasado, etc.

Curiosamente, de la paleta de colores emocionales a nuestra disposición, el miedo no se puntúa entre los peores. Un grado de menor intensidad que el miedo podría ser la ansiedad o la angustia. El octanaje de estas dos últimas no produce la combustión suficiente como para producir un cambio. Sin embargo, el miedo tiene el efecto poderoso de ayudar a ponernos en acción. Una vez superado nuestro umbral de tolerancia, o nos bloquea o nos impulsa a un cambio. En cierta manera, el miedo es uno de los mejores aliados con que contamos para progresar.

La dificultad mayor es que normalmente actúa de una manera silenciosa. No somos conscientes de su presencia y al ser nuestro serviola de supervivencia puede asaltarnos con la guardia consciente baja y ponerse al timón en lugar de estar nosotros en el puesto de conducción.

Muchas son las tipologías de los miedos que nos adornan por ser miembros de la raza humana. La que me ayuda a gobernar los míos está formada por cinco miedos que me resultaron familiares al conocerlos y otros dos que, desde la perspectiva de ejecutivo, me izaron las cejas con sorpresa.

Los cinco primeros son: el miedo a no ser amado; el miedo a no ser suficiente, a no estar a la altura, a no dar la talla; el miedo al rechazo; el miedo al fallo y al fracaso; el miedo a no ser merecedor ni digno de que la vida me depare cosas buenas.

Los que todavía me mantienen intrigado son el miedo a tener éxito y el miedo a la grandeza personal. Del buen hacer profesional debería derivarse una consecuencia casi inapelable y es el éxito externo en forma de reconocimiento, compensación, desarrollo, desafíos más retadores, etc. y el éxito interno o la sensación de estar alineado con tu misión vital, de estar sirviendo un propósito, de satisfacción por una labor bien ejecutada. Sin embargo, soy ahora más consciente de experiencias con compañeros de viaje que, estando claramente diseñados para el éxito profesional, parecía que conscientemente o tal vez no, saboteaban brillantes carreras con decisiones o comportamientos errados. Con la perspectiva del caminar juntos largos trechos de carrera, fue el miedo al éxito profesional y a la grandeza personal lo que aterrorizaba a estos individuos. La idea de verse llegando al lugar reservado a unos pocos les abrumaba y preferían dañar su futuro y evitar llegar a posiciones profesionales para las que estaban perfectamente preparados.

Resulta enigmático el juego de la vida y todavía me pregunto de dónde sacamos la cordura para gestionarla sin volvernos locos. Uno de mis más entrañables mentores americanos reflexionaba sobre la necesidad que tenemos de ganar en el juego de la vida aun cuando en pocas ocasiones conocemos el propósito. Jugamos también con cuantiosas reglas, muchas autoimpuestas, sin conocer el fin. Además formulamos las reglas de manera que están en conflicto. Podemos cumplir las reglas de manera estricta y perder el juego. También en ocasiones podemos romper las reglas y… ganar. El colmo es que jugamos como si la vida nos fuera en ello y lo hacemos con otros siete mil millones de personas que tienen el mismo tipo de dificultad.

Pero el hombre está destinado a la grandeza. Estando alerta a estos dos miedos silenciosos y superándolos seremos ejemplo para otros. Tenemos la responsabilidad de servir y, en posiciones de liderazgo, servir todavía más y mejor. No podemos negarnos el derecho y la obligación de tener éxito profesional, ya sea en los negocios, en las administraciones o en instituciones con fines sociales, y convertirnos en más grandes. Muchos necesitan de nuestra luz para ayudarles a encontrar la suya propia.

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